Parnaso Zythopóiesis

Cada cerveza guarda su secreto.
Nosotros lo fermentamos;
tú lo develas al beber.

La historia

La noche del Ateneo

Cuentan que todo comenzó una noche de música y poesía en el Ateneo de Madrid. En su Salón de Actos, bajo el techo que Arturo Mélida pintó hace más de un siglo, Apolo presidía la velada desde su templete.

Aquella noche, entre un verso y el acorde siguiente, el techo se abrió como se abre el cielo y, más allá de la pintura, apareció el monte Parnaso.

Desde sus laderas descendieron musas, diosas y ninfas, una tras otra, llevando entre las manos sus ofrendas: el néctar y la ambrosía, una fruta y una flor. Y todas confiaron el mismo mensaje:

«Guarda el secreto,
fermenta mi ofrenda,
y devélalo en el zythos.»

La montaña se desvaneció con el aplauso final de la velada, pero el encargo permaneció ahí.

Del mismo modo que las musas se aparecieron a Hesíodo en el Helicón y le ordenaron cantar, aquella noche, desde el Parnaso, dieron un mandato diferente: esta vez mandaron fermentar.

Parnaso Zythopóiesis es la respuesta a aquel mandato. Cada cerveza encarna a una de las figuras que descendieron del cielo con su ofrenda, y en cada botella permanece oculto su secreto. Nosotros lo fermentamos; tú lo develas al beber.

La diosa

Hera

Sour de granada y acacia

En el Hereo de Argos, la diosa sedente sostiene en una mano el cetro. En la otra, una granada.

El secretoPausanias vio la estatua y calló el motivo de la granada: «de ese relato no debo hablar». El silencio del viajero es la promesa del vaso.

granada y flor de acacia

La musa que canta

Calíope

Sour de mango y chili

«Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio…» Toda odisea empieza con una invocación — y algunas voces queman al escucharlas.

El secretoLa dulzura que atrae y el ardor que advierte: el canto de las sirenas, servido en frío.

mango y chili

La ninfa de las flores

Cloris

Sour de cereza y rosas

Ovidio la nombra en los Fastos: la ninfa que, al ser tomada por el viento del oeste, se convirtió en Flora, señora de todo lo que florece.

El secretoCloris fue ninfa antes que diosa: el Viento del oeste la raptó y le entregó, como regalo de bodas, todas las flores del mundo. Con ese don creó la primera rosa, y cada dios puso sus dones: Afrodita la belleza, las Gracias el encanto, Apolo la luz, y Dioniso el néctar y el perfume.

cereza y rosas

La diosa ojizarca

Atenea

Sour de madera de olivo

Apolodoro la cuenta en su Biblioteca: cuando Ática eligió patrón, Atenea clavó su lanza en la roca y del hueco brotó el primer olivo. La ciudad tomó su nombre.

El secretoLos dioses decidieron que la ciudad más hermosa del Ática pertenecería a quien le hiciera el don más útil. Poseidón golpeó la roca de la Acrópolis con su tridente y de la piedra brotó un manantial de agua salada. Atenea clavó su lanza al lado, y de aquel hueco surgió el primer olivo — el árbol que da fruto, aceite, madera y sombra sin secarse jamás. Los dioses fallaron a favor de Atenea, y la ciudad tomó su nombre. Ese olivo, dice Pausanias, sobrevivió al incendio persa y volvió a brotar de sus raíces a la mañana siguiente. De ese árbol viene lo que Atenea trae al Parnaso: no el fruto, no el aceite, sino la madera — la parte del olivo que dura más que el imperio que la vio crecer.

madera de olivo

La musa del firmamento

Urania

Sour de miel

Píndaro lo cuenta: cuando nació Yamo, hijo de Apolo, dos serpientes bajaron del cielo y lo alimentaron con miel. Así crecen los destinados al canto, bajo el don de la musa celestial.

El secretoHesíodo la nombra en la Teogonía entre las nueve Musas: Οὐρανίη — Urania, «la celestial», nombre que viene de Urano, el cielo estrellado. Es la musa de la astronomía, la que fija los ojos en el firmamento y traza en él los ritmos que los mortales apenas intuyen. Pero antes de contar estrellas, las Musas alimentan a quien va a cantarlas. Píndaro cuenta que cuando nació Yamo fue dejado entre violetas, y dos serpientes bajaron del cielo para alimentarlo con miel — «con el inofensivo veneno de las abejas». Así se cría a los destinados al oráculo: con el mismo alimento que después se ofrece a los dioses. De ese cielo — el que Urania observa y el que envía la miel — viene lo que trae al Parnaso.

miel

La diosa cazadora

Artemisa

Sour de tres flores silvestres

Homero la llama «la de las flechas de oro», señora del bosque y de la montaña. Sus altares se coronan con las flores silvestres del campo que ella misma recorre.

El secretoArtemisa es la diosa del bosque abierto: virgen cazadora, señora de las bestias, protectora de las mujeres en el parto. Tres caras de la misma diosa, y tres flores silvestres que crecen donde ella pasa. El aciano azul brota en los trigales del campo abierto; su nombre, Centaurea, viene del centauro Quirón, el cazador sabio. La manzanilla — chamaimēlon, «manzana de tierra» — es la que Dioscórides recomienda a las mujeres en trance de parto, el momento que Artemisa preside. La malva — malachē, «la blanda» — es una de las plantas más antiguas del corpus griego; Hesíodo la nombra como alimento de los sabios que se contentan con poco. Cazadora, comadrona, humilde: las tres Artemisas caben en un solo ramo.

aciano, manzanilla y malva

Cada cerveza guarda su secreto.
Nosotros lo fermentamos;
tú lo develas al beber.

Parnaso Zythopóiesis

Fermentación en curso · El descenso es inminente

El secreto de las musas

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